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El destino está al acecho

por Edith Migliaro

Caminó por el parque; no era la hora ni el clima aconsejable. La bruma irregular desdibujaba la escena, parecía una foto enmarcada en una nube blanquecina que solo dejaba ver la imagen con claridad a la mujer.

Tenía la vista clavada en el sendero marrón limitado, contenido, vigilado y  acosado por el verde de la espesura. Algo la alertó, un ruido producido por el movimiento de las ramas de uno de los arbustos aledaños, pero no soplaba viento. Llevaba un grito ahogado en la garganta, desde antes de ingresar, algo pasaría sin embargo ingresó.

El destino está al acecho
Ilustración: Jorge Soto

Tranquila, no es nada.

Si alguien quisiese hacerme algo ya hubiese aparecido ya.

Debe ser un animal, un gato, un perro o una rata.

Lejos de tranquilizarla, sus propios pensamientos la aterraron más. Levantó un poco la vista y sus ojos impactaron con un poste grueso, parado indolente al costado del camino; era un farol. Devolvió su vista al piso y aceleró el paso, en ese instante una sombra deforme cruzó el camino y se escondió al otro lado de la vereda.

Al límite de su propia valentía divisó las luces de la avenida, después de cruzarla estaría a salvo en su casa.

No puedo ser tan tonta- se dijo, pero su cuerpo todavía no concordaba con los pensamientos que imponía el sentido común, los síntomas del miedo aceleraban su corazón, el aire hacía un esfuerzo por ingresar a sus pulmones y jadeaba al salir.

No es posible, estoy llorando, ya me imagino lo que me dirá el psicólogo esta semana.

No manejas la ansiedad, Naty, debemos trabajar en eso.-imitando la voz del doctor.

 Me gustaría verlo a él a esta hora aquí

Cruzó hurgando en su cartera, buscando. Detrás un grito agudo de una mujer invadió todo, proveniente del mismo hueco negro del que hacía momentos ella había salido. Lo escuchó, pero no se dio vuelta, lejos de tener un gesto altruista o compasivo ni siquiera se le ocurrió pedir ayuda por teléfono. Apresuró el paso.

Las vueltas de la llave de la puerta de acceso tapó el ruido de la que daba a la parte de atrás de la casa y las pisadas de la sombra que ingresó y se ocultó detrás de las cortinas.

 

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Edith Migliaro, Cuentos, Detrás del Espejo, Hilos Secretos, Argirópolis esquinas de nuestra historia.

Detrás del espejo       Argirópolis, esquinas de nuestra historia       Hilos Secretos

 

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