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DesHoras

Marta Rosa Mutti

 

- 27 -

Permitido permitirse

Alguien dibuja nubes y te lo pierdes, piensas que lo pequeño no te hace grande. Aunque no quieras ver, los colores con su aliento, anticipan que se puede.
Crees vivir y apenas respiras. Por ahí, alguien te mira, se interesa, se acerca y dice que sí, que es natural, que haces lo que se acostumbra. Pero permaneces en el proyecto, das vueltas, llevas a cuestas un corazón lleno de tormentas y alguna que otra calma. Y resuelves que te alcanza con imaginar.
Hasta que un día en medio de la calle el aire te golpea, te despeina y levantas la cara. Ves la mañana azul, gris, violeta, a la lluvia que se abre y te muestra los lugares donde el viento deja que lo toquen.
Recién entonces entiendes que se puede andar sin apoyar los pies sobre el asfalto y te animas. Sueltas el lastre, respiras como nunca y te vuelves liviano. Sabes que no pueden con la fuerza de tus pensamientos.

Te diste el permiso de volar. En las nubes se adivina tu figura que no es la única, hay muchos. Desde abajo, bocinas, frenadas, sirenas, cánticos vindicatorios, forman un coro que te aclama. Al fin, a tu modo sigues el camino que irás haciendo.

 

 

 

- 26 -

Quién sabe cuándo

A fuerza de apretar los párpados las luces se han apagado. La mueca en la cara del hombre dice que ya nada huele especial. La mujer sabe que ha olvidado su papel de ninfa.

Cosas que suceden cuando mueren los susurros bajo la seda. Las manos se guardan en los bolsillos. Las miradas no quieren encuentros. El motivo: ¿quién lo sabe? ¿cuándo o, dónde? Diríamos que se trata de una cita que compromete a dos en un ausente sin aviso.

 

 

- 25 -

Dafne

 

Su mano y las llaves de la puerta tintinean en mi cabeza. Detenida en el vano de la puerta me sonríe. Se ha puesto el vestido rojo sobre el cuerpo desnudo. Ahora se va sin que yo pueda saber si tendremos otra vez. Pone un dedo sobre la boca y me dispara un beso. Una línea angosta cruza sus pupilas y el reflejo de la luz las vuelve amarillas. Se desliza con sigilo, los tacones de las sandalias no se escuchan. Desaparece.
Inolvidable, Dafne, el perfume que usa,queda en la habitación. Me sirvo una copa, voy hacia la ventana para verla salir. Es rápida, ya se ha ido. Debe haber dado la vuelta a la esquina. También yo me doy la vuelta para enfrentar mi trabajo. Un chirrido suave y agudo sobre el vidrio me obliga a voltear. Un gato de pelo casi naranja rasguña el cristal, apenas se escucha su maullido. No estoy para gatos, ni siquiera tengo leche en la heladera… pero ¿por qué no?
Abro la ventana y lo tomo entre mis brazos, nos miramos, después de todo su pelo casi es rojo, es gata y al menos está claro que quiere quedarse conmigo, no necesita llaves y hasta usa el mismo perfume.

 

 

 

- 24 -

Con los sentidos a pleno

Fue aquella tarde, el cielo mareaba de violetas y naranjas. Vos hablabas para que no lo viera, eso me hizo mirarte, como no lo hice antes. Entonces vi un objeto perdido que no me interesaba encontrar porque me di cuenta que no me conocías, después de tantos años compartidos.
Me permití con inocencia hacerme el distraído y me fui sin decir nada. Tomé un tren que apareció de golpe, me senté en un vagón que estaba vacío. Sabía con la seguridad que da la rutina de todos los días y de cada semana que iba a mi trabajo. Empecé a hojear los mensajes en el celular. Todo en orden. Lo guardé y me puse a mirar los edificios y construcciones que uno tras otro, silenciosos dejaban ver como yo, sus distraídas memorias, claro las externas, las de lluvias, soles, pinturas olvidadas o estrenadas.
Puse mi atención en las ventanas, las había de todas las formas y estados. Elegí las abiertas. Se me ocurrió que las cerradas eran aburridas, no arriesgaban, porque sí, porque es cómodo o porque algo no las dejaba.
Algo me pasó, porque de golpe me sentí como una de las tantas que sentía, observaban todo, incluyéndome a mí, por supuesto, fueran madera o de metal, pero siempre abiertas, y desde esa sensación poder escapar en lo  primero que  viniese a mi pensamientos. Como en un silbido, en la rueda de una bicicleta, por el palo del cepillo del barrendero, en medio de un reclamo callejero, entre los ramos de un puesto de flores y luego en las manos de quienes los lleven… esas cosas… porque sí… por nada.
Fue entonces que atravesé el marco de la abertura que yo, “recién estrenaba”, con los sentidos a pleno, sabiendo lo que hacían. Ellos también estaban de estreno.
—Ahí vamos, —nos dijimos…
En eso andábamos cuando aparecieron.
— ¿Por qué me sujetan los brazos?
—¿Qué hacen estos hombres en la oficina?
—Yo no llamé a la asistencia médica.
— ¿Qué hacés acá? ¿Te llamaron? ¿Decís qué te lo esperabas? —te pregunté.
—Salí como todas las mañanas, hice el viaje en tren. Me relajé. Llegué bárbaro, todo bien —te expliqué.
Insistí: —No necesito calmarme. ¿Esa inyección? —Fue lo último que dije.
No me respondiste y rogué mientras ellos me sujetaban y te vi cerrar la ventana. 
—No dejes… no dejes…

 

 

 

- 23 -

Elección

—Lo sé, te debo parecer un tipo raro —le dijo y rio el hombre que encontraba todos los días a la misma hora al cruzar los terrenos abandonados del ferrocarril cuando volvía hacia su casa. Él muchacho se quedó mirándolo. De repente un águila voló hasta su brazo y él comenzó a acariciarla, el hombre continúo hablando:
—Cuando el animal te elije te conviertes en él. Eso sucede cuando entrás en la fina y peligrosa línea de elegir lo que querés ser o convertirte en tu peor enemigo.
La vida al igual que la selva tiene sus códigos, o salís a ganarle a la bestia, o ella te gana —concluyó el sujeto que giró sobre sus pasos y desapareció en la penumbra de la noche que comenzaba a bajar.
El muchacho miró hacia todos lados, distinguió un par de ojos brillantes que lo miraban, y creyó escuchar: —podés irte a tu casa. Te buscaré cuando estés listo.  
Los ojos y el susurro se perdieron en la oscuridad. El joven siguió su camino como siempre en soledad. No había tenido un buen día. Se encogió de hombros, no estaría mal, reflexionó, y dijo cortando con un golpe de vapor que exhaló por la boca, el frío de la noche:

—Me conviene un león…

 

 

- 22 -

Los monstruos se retiran

 

Mi batalla es hablar.
La de él, callar. Entregarse es hablar por eso el silencio.
Nunca hablamos.
Me acomodo a la penumbra. Imagino un perfume.
Escucho al viento y me pongo a cantar canciones.
De golpe quiero despertarlo. Suelto a mis palabras. Busco una sonrisa.
Las detiene una muralla.
Puedo rendirme, pero eso nos mataría a los dos. También puedo otras cosas.
Dibujo una caricia.
Avivo los rescoldos y desde los ojos busco un abrazo.
Nuestros cuerpos y nuestra historia abren un camino entre las piedras.
Los monstruos se retiran.
Las brasas que se han vuelto a encender los mantendrán fuera.

 

 

 

- 21 -

Mesa para tres

 

  Primer Acto

Una mesa perfecta. Una mesa blanca donde hay dos y no hay lugar para la sombra. Fresias y vasos que brillan bajo el juego de la luz. Un diálogo cotidiano y una extraña sensación que reverbera en otras.

 

  Segundo Acto

Brazos que giran al borde de un cuello, enredan cabellos en una habitación, piel que se funde, lo alejan de la aquella mesa. Solas, las copas destilan una agonía dulce y un frío amargo ante la ausencia del vino y de la falta.

 

  Tercer Acto

En la habitación las bocas se incendian, los cuerpos se enraízan, ahogan los sentidos y devoran la penumbra.

 

  Cuarto Acto

La mesa perfecta espera, está servida. El mantel blanco se ha vuelto lava roja para esa mirada que cada noche, luego de regreso y del trabajo, aguarda a un comensal.

 

  Quinto Acto

En la habitación cesa el juego.

 

  Sexto acto

Los ojos abiertos siguen sueñan con él acodados en el reposo blanco de la mesa para dos, que se siente fría como mármol donde una mirada intenta sonreír tibia, porque todavía o tal vez…

 

  Séptimo y último acto

En la mesa alguien falta y en la cama también.

… cae el telón.

 

 

 

- 20 -

Fuga

Mi amigo invisible se sube a las olas pequeñas sin esperar las grandes. Es fiel a su mago interior que vence los obstáculos con su poder creativo. A veces apago todo, sí todo. El celu, la compu, la cabeza, y le presto atención. Lo escucho y me fugo como él, aunque sea por unos instantes, como ahora…

 

 

- 19 -

Furtivos

 

1

El ladrón de sueños cuelga de mi corazón una felicidad tolerable y en el intento de desalojo, una y otra vez yo sucumbo.

2

Entre mi ser y la nada sobrevuelo el instante fugaz de la vida en los silencios profundos de la noche.

3

Hay un visitante que atraviesa la noche colgado del horizonte. Me tiende la mano, pero nunca lo alcanzo.

4

Sueñas contigo y conmigo. No te extravías en las lunas de los miedos porque andas descalzo para no perderte cuando me guías para que te alcance.

5

La desolación del despojo tapada por una máscara caminaba vacía de protagonismo con los ojos del otro.

 

 

 

 

- 18 -          

Fuego    

 

Tus ojos son una llovizna callada que disuelven sombras y ahogan el silencio desde un cielo de estrellas fugaces.

Esa pausa otoñal, una sensación de tregua que da un bosque donde poder extraviarse.
Dos gotas de agua que suspenden una ilusión.

A veces, dos criaturas salvajes que se apoderan de mí y tejen encuentros de tules donde el deseo crepita y es fuego.

Tus ojos, un choque, un misterio profundo.  Un no lugar para la melancolía. Una hondonada capaz de arrinconar todos los vientos que recorren mi soledad poblada.

 

 

- 17 -

Alguna vez

 

Es esa palabra que no dijimos. El trazo que dimos aquel día con un pincel entre el principio y la nada. El camino de un puente que no nos llevó a otra orilla. Reproches y urgencias que amordazaron el cuerpo con la excusa de empezar y darse un tiempo más.
Hasta este abrir los ojos, hoy para salir de esos espacios a media luz y dejar la comodidad del silencio.
Mirarse. Hablar en un final donde dos dialogan sin dejar escombros en la vereda porque llevamos los mejores momentos entre las manos. No es una muerte, solo algo que termina y fue vivido algunas veces al abrigo, otras en medio del viento, o con soles y lluvias hasta que ganó el tiempo.

 

 

 

- 16 -

Entre los dos

 

Un día de estos dejaré de navegar memorias, concurriré a una cita de vaguedades azules, deseos blancos y charcos de ruidos impertinentes. Pretenderé recorrer mil ríos de voces no descubiertas para que me encuentres cuando ni siquiera me conoces.
Pensaré que pueda ocurrir en un libro prestado con citas subrayadas. Puede que salte de la página que lees. Deje de ser un dibujo, una idea, porque ahora me estás pensando. Y después de todas las esperas reconocida en un destino, iré a comprar golosinas y chocolates. Tocaré a tu puerta, te contaré de un cielo, entonces me hablarás de un lugar y ese juego sucederá nada más que entre los dos.

 

 

 

- 15 -

Un golpe suave en la puerta

 

Hay un viento que lo agita a él y a nadie más. En la noche ni el susurro se mueve con la transpiración del amor. Nada impulsa los pliegues de la sábana. Todo permanece quieto menos él que extiende la mano y agoniza frente al grito de la ausencia.
No comprende por qué se ha ido. Observa todo con una interrogación muda.
Niega ese instante y aunque las cartas se barajen para un solitario, sigue insistiendo en su juego de a dos.
En otro lugar, alguien recorre las habitaciones de su casa como si buscara algo.  Un golpe suave a la puerta interrumpe. Va hacia ella, la abre y se abrazan.

 

 

 

 

- 14 -

Diálogos

 

Mira qué largo ha sido el trecho hasta alcanzarte.
Sí. Aún no lo creo. Así tan suelta de disfraces que hasta rozo tus velos. Estamos frente a frente. Vaya, qué mareo. Creo que, de los dos, tú te llevas la sorpresa.
Pensabas encontrarme desesperado. Y yo, sereno, entendiendo el juego. Ni te escapas, ni yo te sigo. Todavía y a pesar tuyo, ella abriga mi aliento. Sí esa, a la que celas, la vida que está conmigo.
Se entregará, sí que lo hará. No sin darte faena, tú lo sabes porque ella no se detiene y de a ratos, y si está de buenas, la atrapo. La siento mía, sabe y huele como yo. Teme, goza, gime.
Sol y viento azul en la cara. La mesa tendida y el vino sonrojado. Los días y las noches temblando, porque ella me deje, y yo negándome que la dejo.
Hasta este instante está en mí como yo en ella. Hasta este instante, porque la abandonaré en la mañana, acaso por la tarde, claro está; sin tiempo para una lágrima. Seré yo quien me despida, luego, aferraré tus velos. Tú y yo, ahora amigos. Mira muerte que el tiempo da para todo, hasta puedes intentar decirme algo. 
¿Qué no?, claro era de esperar…Ya, anda, decídete. Calla mi boca y marchemos. Sabes que ella en la mañana irá por un hilo nuevo y tejerá otros caminos. Y tú, solo empezarás a acechar de nuevo.

 

 

- 13 -

Misteriosa Pasajera

 

Hay alguien, muchos, que esperan un cuerpo que desean. Colinas, llanos, ríos y por supuesto ese mar que desata tormentas de fuego y lleva al infinito.
Hay otros en cambio que buscan el hueco de un par de brazos donde perder los miedos. O aquél que toma una mano para apoyo y consuelo. Pero no, nada de esto tiene que ver contigo, misteriosa pasajera que no puede hacer el amor.
Solo conocés el color de las sombras y no tenés el gozo de los sentidos. Y por decirte algo, ¿sabés de ansias que no se rinden?, claro que no. No creés en esas cosas.
Tampoco en las palabras que dejamos correr porque alguien se interesa, aunque solo sea por un segundo, claro que vos no decís ni una porque hacen falta muchos sentimientos, y vos no conocés creo, solo uno.  Pero cuando te presiento o te cruzás por algún pensamiento, se me hacen presentes tus caminos, como que no tenés sonrisa, por ejemplo.
Esa debe ser tu punto débil, hasta le darías tu alma al Diablo por reír, pero sospecho que él no la quiere. Y se me ocurre que, aunque nadie lo creería que vos también tenés miedo, que buscas abrigo, que sentís frío y por eso te escondés y aparecés de golpe o en puntillas, según el día.
Cuando vengas a buscarme ¿te gustaría intentar un beso?, lo suelto en el aire así no te comprometo o te doy tiempo a decidir, por ahí cambiás. Después de todo, con algo se empieza y para el caso conmigo ya habrás terminado por más que te quiera convencer de lo contrario porque hay cosas que podés perderte y al Diablo…  después de todo, ¡mandalo al infierno!

 

 

 

 

- 12 -

Lágrima

 

Escucho música y una gota de agua sobre el vidrio de mi ventana se hace palabra, se desliza y sin reproches se deja llevar.
La gota sueña que no tiene deudas, amores, reglas ni gozos. Duerme en un lecho de madera y libertad hasta que se hace dueña de la gloria, y casi diosa, en una lágrima. La lluvia dormida cabalga la dimensión de la música.
La lágrima llega hasta mí y tibia me consuela mientras despacio se suelta por los pliegues de mi cara y me acaricia.
Sentado en el sillón frente a la ventana no abro los ojos. Temo que los pájaros en los árboles que están en resguardados entre las hojas, echen a volar.
Ellos no saben que soy ciego, tampoco que los veo como a la lágrima.

 

 

 

- 11 -

Cómplices

 

Te vas de casa y sin acercarte me saludás con una sonrisa.
Los ojos a los que miro porque la boca, dice, —estoy agotada, el trabajo, el malhumor de la gente, están afuera con vos en ese otro espacio. Junto a otras voces. Las de ese mundo en el que ganaste un lugar y cada vez te pide un poquito más y también te quita, te resta, como con aquella sensación de extrañeza cuando aprendimos por primera vez a restar. Esta vez, te resta de vos, de nosotros y de las tantas cosas que planeamos e hicimos.
Te vas con tu perfume y estarás haciendo volver las miradas que seguirán tus pasos y el movimiento volátil, ligero de tu cuerpo tan tuyo. Eso lo entendí desde el primer día que hicimos el amor.
Te digo chau con la mano cuando antes de doblar en la esquina mirás hacia atrás por un segundo. Como si ambos pre anunciáramos otros saludos sin tiempo para compartir un desayuno. Sin comentarios para la cena, en el camino de la vuelta a casa de ambos, algo se los comió. Sin ese entusiasmo para la salida o quizás la simple compra de provisiones el fin de semana.
Me queda tu perfume que se vuelve cómplice, al que sigo en el aire de la casa y te trae de regreso mientras le cuento lo que pasa.
Que sí, lo sé, estás viviendo otro amor. Nada más apareció y ocurrió eso de la risa espontánea por cualquier cosa. El hablar de uno, de lo que hizo y lo que no. El no inquietarse porque ese otro no tiene apuro y está ahí nada más que para cada palabra que decís, y claro para mirarte de esa forma cómo si estuviera copiándote la boca al detalle para dibujarla y quedándose en tus ojos, ahí esperando.
Pero ¿cómo lo sé? Alcanza con vernos desde afuera.
El silencio entre nosotros cruje o se interrumpe como un anuncio de noticias, en el que nos damos el parte diario. Gentiles, amables, pero por el momento pareciera que hasta allí llegamos. Sí, nos sentimos bien estando juntos si no fuera por el maldito silencio que aturde.
Y el todo bien cuando nada está bien después de los besos, los brazos y las piernas enlazadas, y nuestros cuerpos rendidos en la cama que todavía no son extraños a pesar de tu distancia porque cuando se encuentran y se reconocen.
Es probable que si te preguntara. Pero no, prefiero todavía, esperar.
¿Por qué? No puedo ahora responder a eso. Prefiero recordar que siempre soñabas conque eras una mariposa y hasta puedo imaginar que es cierto. Incluso soñar que en cualquier momento al pasar me rozarás con las alas y los dos volveremos. 

 

 

 

- 10 -

La casa

 

Mientras abran los jazmines habitaremos una casa aromada. Tu cabeza reposará ligera junto a mi brazo en la almohada. La penumbra blanca nos dejará su rocío sobre los párpados. En los labios el tiempo dirá una necesidad que nos ha sido dada.
Más adelante el estío irá sembrando lo que huye de la piel. La casa dejará escapar el perfume. La poblarán magos, mariposas, mazapán, muérdago, misterio, mares, más mismos. Esas cosas que entienden los sabios y los niños. Vos y yo, todavía podemos tentar a los días, ¿quién sabe? siempre se puede recurrir a un hechizo. Porque será otra estación en la penumbra blanca de la casa y nos abrazará la noche sin jazmines, a menos que guardemos uno.
Elegiremos el más blanco, cuando se ponen amarillos, no guardan perfume.

 

 

 

- 9 -

Como alas mojadas

Escribo para que las palabras me revelen lo que no sé de mí...

 

Suele pasar por las tardes. Cierto desasosiego te invade. Abres la puerta, para esperar el claroscuro, o la lluvia.
Dejas atrás el silencio. Es una desazón que te asalta fuera de cronograma y quiebra tu indiferencia.
Husmeas el hechizo violeta, añil, carmesí, que ha pasado de claroscuro a nocturno, y se ha instalado en tus sentidos con promesas. La habitación llena de ti permanece muda.
Buscas refugio en el aire de la tarde noche que apaga colores y enciende luces. Tus ojos van de un lado a otro, no dejan de mirar.
A tus espaldas tu cuarto desvestido de rumores deja escapar una sonrisa desde un cuadrado con marco de acrílico. Tus pies eligen la calle. Cruzas la plaza, miras hacia el árbol de raíces gruesas, manos y pies sarmentosos. Debajo de él gentes se apilan bajo un nylon entre trastos y papeles. Te preguntas si destiñen mentiras. En un rincón, de una lata saltan lenguas de fuego. Alrededor todos arman un círculo y se dejan arropar por el calor. Los ojos redondos brillan como piedras de un tesoro. Los cuerpos se regocijan con la ternura de la tibieza. Descubres que ese instante es mágico y no tiene precio. Los abandonas, caminas hasta un café y te acomodas en una mesa junto a la ventana. Una muchacha se detiene en la vidriera, te mira y hace un mohín con sus labios. Leve, mueves tu cabeza, la invitas. Entra y se sienta. Toma tus manos que estaban sueltas sobre la mesa como alas mojadas. Ese contacto aleja los miedos y vos, empezás a reír a carcajadas. Tanto que la ciudad se contagia. Muchas puertas se abren, y otros como vos, son libres, aunque los empujen, tropiecen, caigan, o maten.

 

 

- 8 -

Esto que pasa entre los dos

 

Una lluvia helada moja cada centímetro de mi piel. Mi sonrisa que se ha vuelto un fantasma quiere saber y al mismo tiempo pide que no lo digas. Parado sobre el hielo de tu mirada me quedo solo, aunque un mundo de gente ría, hable, o respire a nuestro alrededor.
Escucho que me dices adiós, justo cuando comienzo a entender de qué se trata esto que pasa entre los dos.
Inmóvil veo cómo te marchas por la calle arbolada.
Anochece y a mí se me hace que estoy desnudo y descalzo en medio de una calle que como nunca; está vacía.

 

 

 

- 7 -

Gatos y lluvia

 

Vivo debajo de un puente y cuando llueve el viento deja que la lluvia moje mis silencios. Entonces tiemblo, ella me abraza y nos vamos a caminar por callecitas angostas de tiempos y prisas sin aliento.
Algunas son de barro y entre patinazo y patinazo para no perder el equilibrio me apoyo en las puertas o ventanas de las casas que a uno y otro lado de la calle me miran pasar.
A veces sin querer mis manos dan un golpe fuerte y se asoma una cara. —¿Hija?, — pregunta. —¿No la conozco, váyase?, se contesta antes de que yo pueda decir algo.
En una de las tantas y apretadas puertas, un chico espera que su madre vuelva del trabajo. Los ojos me miran con despecho, su boca se incendia y arremete:

 —¿Qué buscás? Mi mamá no está, tampoco mi papá, abortá, le dijo y ella lo echó, ¿para qué lo queremos?, así estamos bien.
Sigo de largo sin decir una palabra.
—¿Sos Andrea?, —me pregunta una mujer a la que la lluvia le lava la cara y me muestra que es un poco más que una nena, y sigue, —dijo que traías plata, no me salgas con un par de celulares, plata, o nada.
Pero no soy Andrea y la dejo atrás y salgo del barro. La calle ahora es empedrada, no patino, resbalo, puedo limpiarme un poco.
Miro las casas, veo dos gatos de color, pequeñitos y sin dueño que han dejado en un jardín. Me quedo junto a ellos, se arriman, piden cariño.
La lluvia me abraza. Pierdo el aliento. El mundo se encierra en el puño de una mano. Abro mi abrigo, acomodo a los gatos y van conmigo, a ellos les cuesta encontrar un hogar, como a mí. Esta vez como en los cuentos será distinto. Iré a buscarte. Me harás pasar, los pondré entre tus manos, les serviremos un plato con leche tibia y secaré mi ropa mientras preparas un tazón de sopa caliente que tomaré despacio.
Cuando oscurezca atrasaré el reloj para que las doce lleguen más tarde. Te contaré que me llamo Clara y hasta hace un rato vivía debajo de un puente. Ahora que estoy en tu casa al abrigo hasta podemos ensayar un baile. Y si me proponés quedarme no hará falta que huya. No perderé el zapato porque no tengo, no me espera ningún carruaje. Los gatos no molestarán, buscaban un dueño.
¿Mirá?, jugás con ellos. ¿y sabes?, hasta podemos dejar de buscar los umbrales y dar vueltas inventando un refugio.

 

 

 

 

- 6 -

Después de toda una vida

La dejé pasar por rabia. Porque no podía soportar que riera con las ocurrencias de otros, o cuando hacía una compra y hablaba con el vendedor. De haber conversado hubiéramos intimado. Sé que a pesar de no decirlo estábamos enamorados. Si lo hubiéramos hecho me habría condenado al insomnio pensando en las miradas de otros hombres sobre su cuerpo o peor, asomados a su alma de mujer. Partí porque no podía separar el deseo del amor. Tuve mujer, hijos y toda una vida. Hoy llego a esta terminal de ómnibus, pero nadie me espera. Nadie me ve. Tampoco me conoce. Soy solo un hombre más de paso que ha llegado y que luego se irá. Miro a este pueblo con sus calles más de arena que de cemento que no he olvidado. De casas serenas, largas siestas y negocios abarrotados de objetos y colores que esperan por quién los elija y los lleve hacia otro destino. Sé que hay varias plazas, pero una es la especial. Esa es la que busco. Con sombra de pinos, bancos de hierro y madera bordeando los caminos de laja que cruzan entre la mullida pinocha que cobija el andar. Enfrente la estación de bomberos. Un poco más allá una panadería que llena de delicias el aire que se carga de miedos cuando las sirenas ululan. Y al otro lado descubro los ventanales de la biblioteca. Por fin mis ojos vuelven a los espacios, los senderos, los juegos mientras apuro el paso que sigue a mi corazón. La atravieso en diagonal como lo hacíamos. Llego al cruce de las tres calles, avanzo hacia la esquina donde está la casa con jardín al frente tras el bajo muro de cemento gris. Busco al jazmín que ya no está. El perfume de sus flores blancas y carnosas. La puerta baja de maderas verdes es la misma. Ha comenzado a oscurecer, es tarde y ella ya no está. Se ha levantado viento, viene del mar. Tiene fuerza. Vuelvo sobre mis pasos.
Atrás la puerta se mueve en un vaivén.

 

 

- 5 -

Sin Saldos

Tu amor es un cielo que solo está ahí para acompañar mis pasos y escucharlos. Soñar junto a mis sueños. Compartir delirios. Caminar lágrimas. Provocar sonrisas.
Tu amor es sin explicaciones, sin saldos ni pagos a cuenta. Vos conmigo. Yo con vos…

 

 

 

- 4 -

 

Intermitencias

 

1

Dejo salir al otro y al otro… busco una identidad… Error… la pantalla lo señala varias.

 

2

Los lenguajes no dicen lo que las lenguas quieren decir, sino lo que conviene.

 

3

Paisajes de un universo alternativo es lo que creemos que existe.
Turbaciones irresistibles como la pesadilla, la zozobra… el deseo compulsivo, la vanidad, no escuchar al otro, verlo sin mirarlo, anidar solo en lo que nos pasa a cada uno, mantienen despierta a la ansiedad que para no estar sola anda siempre con la angustia.

 

4

Más allá del bien y del mal, la omnipotencia en un mundo donde no rige la razón.

 

5

Todo es posible creemos creer, armar el sueño y no salir a buscarlo.

 

6

Dejar la pulsión entre Eros y Tantos a la deriva. No tomar el compromiso de llevar el timón.

 

7

Arrebatar para atrapar la cima. Caer tras el empujón del que viene detrás. O…Perder para ganar.

 

 

 

- 3 -

Como es la cosa

Dale a los recuerdos y añoranzas de lo que pasó, un lugar y a lo que esperás del futuro; otro. (...yo al menos lo intento...)
De tanto en tanto, si vienen ganas, los repasás un poco. Lo que pasó traerá nostalgia, tristeza, pero no te permitas el rencor, ese te mata.
 Y si querés imaginar el futuro...hum...dudoso, como el clima en el mes de septiembre...Diría  como consuelo ir a una sesión de Tarot...por alguna pista, al menos puede resultar entretenido...igual dudoso...o comerte algo rico, seguro olvidás en qué estabas...pero tiene que ser muuyyy rico.
¿Sabés?...El tránsito mejor y más valioso que se tiene...y hasta puede ser el único, es este presente. Hoy...
Todo el espacio, el aire, el impulso de nuestro tiempo,  es para cada instante de ese presente que tiene Sís y Nos. (y nos olvidamos a cada rato...uf)
Los Sís son tan pero tan lindos, simples, livianos, que por distraídos muchas veces nos damos cuenta cuando se terminan...
Los Nos, son molestos, que hasta paralizan a veces.
También los No...dejan de ser No, cuando se pierde un poco el miedo a...bueno...a lo que viene...que se yo...
Pero eso es más fácil de arreglar que perder los Sí.
Él No, se parece a cuando te caés...Es un raspón...duele, molesta y más...
Cuando pasa,  enderezarse es lo mejor.
Por ahí nos apoyamos en algo, no siempre encontramos en qué...pero está bueno mirar por las dudas si hay...y si no... igual  levantarse.
Nos sacudimos un poco, acomodamos la ropa, pasamos una mano por la cabeza para parecer menos trastornados, acabados, liquidados...o cómo cada uno salió del golpe... Pero no aflojes...
Seguimos...
Sí. Siempre seguir...
Tomás aire, mirás el cielo, escuchás los ruidos, el silencio, a los que pasan al lado, y cómo pasan, (esto por ahora no cuesta nada). Para eso  solo por un rato olvidate del celular... O, que ya fuiste a tres mercados, a ver cuál tenía los huevos a mejor precio...por ejemplo.  
Pensá que todavía, durante y siempre... podemos sacar del bolsillo una sonrisa. Soltar un chau, un hola...dejar escapar alguna lágrima, acomodar una esperanza, armar un proyecto. ¿Qué loco no?...pero empezás a estar un poquito bien... (poquitito...pero es mucho) (Esto todavía no se paga...acordate, hay que aprovechar)
Y hay más todavía...si seguís, adelante seguro en una curva aparece un conejo, un gato, un pajarito, un perro, o alguien que entendió como vos y yo: como es la cosa y elige acompañarnos.
Síiii... Como es la cosa...porque  todos... vivimos esas cosas...
Después de todo.

 

 

 

- 2 -

Alguien escribe…

Alguien escribe

Alguien sabe, que puede ver salir del corazón de una rosa blanca, a un pájaro.

Alguien piensa, que la luna se viste de seda y reposa sobre una almohada.  Encuentros impensados entre la nada y el principio. La orilla propia y de los otros que somos y nos habitan. Vislumbres que el ser transita. Espacios, que agota, para explicar su tiempo entre nacer y morir. Momentos para tempestades, calmas y sensaciones.

Un andar  los días y las noches reconociéndose en un destino marcado por horas secretas, en las que lo oculto descubre su faz y se pone al alcance de la mirada.

Horas en las que las palabras corren sobre curvas, líneas, puntos, comas y las presencias hilan sus tramas ya en la poesía, ya en la ficción.

Ideas que después de todas las esperas nos invitan a compartir sus momentos entre vaguedades y sueños donde podremos amar, huir, anidar ocasos, quizá reinventar amaneceres de soles nocturnos.

Hechizos de horas secretas, donde bastará con entrecerrar los ojos para que naturalmente comencemos a  transitar espacios e inaugurar rumbos, en los que nuestras voces  arropen a la angustia con palabras escritas sobre un papel  para reinventar la vida.

 

 

- 1 -

La palabra… el escritor… escribir… el libro

 

La palabra... el escritor... escribir... el  libro

La simbolización de una palabra remite a significados infinitos,  propios de la vida misma cuya profundidad se define a través del peso que se le otorga.

Es la puesta en evidencia de lo que dicen las ausencias,  los silencios, sus murmullos y gritos mudos.

El escritor navega las aguas de estos mundos que conforman apenas y tanto como la vida y la muerte  a fin de gestar las historias, sus pasiones, desvelos y glorias. El acto de escribir remite pues a la génesis, misma de ser.  Parte de una pulsión, una necesidad imperiosa, urgente e impostergable de transpolar en idea  la emoción, el sentimiento,  la observación y análisis de todo lo que nos conforma y de todo lo que nos rodea.

 Porque  de eso se trata vivir, de la huella que se fija y al hombre le impele dejar registro de sus pasos.

 He aquí lo trascendente del acto de la escritura, y del que elige escribir, o es elegido por los hilos de este arte, disciplina, profesión y sin dudas pasión.  Pero nada de lo expuesto tendría sentido  si las historias, poesías, tiempos imaginarios, realidades fantásticas, crudas, siniestras y tantos  otros aspectos que no menciono; no tuvieran un lugar dónde habitar expresando lo percibido y descubierto de modo individual  o general. Y ese lugar es precisamente el libro.

 Una compañía que no condiciona.

 Un torrente de sentidos que no se puede detener.

 La puerta de entrada  a todos los lugares de este mundo y de otros infinitos donde no hay contradicción sino transformación, asociación e identificación que laten por fuera de la anécdota o el verso porque conforman una revelación que dice: nada es igual, nada permanece intacto, todo está sujeto a un irreversible proceso de evolución.

Ello supone transitar espacios de cambios en los que la literatura funciona como conductora y conectora y el libro es su casa, su techo, su abrigo. Un navío en el que viaja el hombre y sus universos.

Puede suceder que nos pongamos a escribir una historia luego de soñarla, o de descubrir su punta en el intersticio de nuestros actos cotidianos o en los de cualquiera. Un episodio intrascendente que dispare la idea. Y aquí, dará comienzo la tarea.

Toda obra debe ser el producto de un bosquejo definido y calculado de los matices del pensamiento y de la imaginación. Un entretejido que nos pasee por la superficie y simultáneamente nos lleve hacia el fondo de la trama porque allí, espera la epifanía

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Benjamin Koria

Ese alguien que todos llevamos oculto

Ese alguien que todos llevamos oculto

La vida luce sus orillas cuando la poesía palabra a palabra la invita a caminar frente a los ojos de su mundo y le enseña a hablar más allá de todo lenguaje, tanto que hasta las ventanas abandonadas se encienden. Entonces la vida mira y se deja mirar hasta transformarse en ese alguien – algo imaginario que nos sube a un par de alas, nos devuelve las certezas y nos permite medir los tiempos.
Ni más ni menos que crear aquello donde nos reconocemos como efecto y pertenecemos como causa.

 

 

 

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