Dossier
 

Saber que una obra es reeditada, para los amantes de la literatura, es una buena noticia. Enterarnos que esa reedición es de un libro de cuentos para niños, la convierte en doblemente buena. Por estas épocas de cibernautas, en donde los niños tienen a internet incorporada en su inconsciente colectivo, en que son los reyes del control remoto apenas logran sus primeros pasos y enseñan a sus abuelos a usar la computadora antes de dejar de usar pañales, que una editorial vuelque otra vez al mercado los cuentos completos de Hans Christian Andersen, es una fiesta. Muchas generaciones han crecido leyendo sus historias. Es reconfortante saber, que las nuevas, también lo harán. H.C. Andersen, nació en Dinamarca en 1805, en donde murió en 1875. Escribió más de ciento cincuenta cuentos, la mayoría de su invención, otros basados en historias tradicionales. En 1835, se publicaron sus primeros trabajos. En 1855, con el nombre de "El cuento de mi vida", editó su biografía. También escribió una novela, El improvisador, más algunos relatos sobre sus viajes. Algunos han dicho de él que era un ser insensible, otros que su percepción era tan inmediata, abierta y afectuosa, que muy pocos podían hacer gala de esa bendición. Es evidente que su figura generaba sentimientos encontrados Lo cierto es que perdura en el tiempo.
Todavía los niños pueden echar a volar su imaginación leyendo o escuchando historias como la de Pulgarcita
"... Le dio por cuna una preciosa cáscara de nuez, muy bien barnizada; azules hojuelas de violeta fueron su colchón, y un pétalo de rosa, el cubrecama. Allí dormía de noche, y de día jugaba sobre la mesa, en la cual la mujer había puesto un plato ceñido con una gran corona de flores, cuyos peciolos estaban sumergidos en agua; una hoja de tulipán flotaba a modo de barquilla, en la que Pulgarcita podía navegar de un borde al otro del plato, usando como remos dos blancas crines de caballo. Era una maravilla. Y sabía cantar, además, con voz tan dulce y delicada como jamás se haya oído..."
O sonreír mientras aprenden los días de la semana:
"...Y todos los días de la semana se sentaron. Los siete quedan dibujados, utilizables para cuadros vivientes en círculos familiares, donde pueden ser presentados de la manera más divertida. Aquí los damos en febrero sólo en broma, el único mes que tiene un día de propina…." O, los no tan niños, develando la tristeza de la vida en soledad "….parecerían reales. Esto le sucedió al primero que se lo puso, a pesar de que había transcurrido ya medio siglo. Fue el propio alcalde, que, con su mujer y once hijos, estaba muy confortablemente entre sus cuatro paredes. Enseguida soñó con un amor desgraciado, con la ruina y el hambre. -¡Uf, cómo calienta este gorro! -dijo, quitándoselo de un tirón; y al hacerlo cayó de él una perla y luego otra, brillantes y sonoras-. -¡Debe de ser la gota! -exclamó el alcalde-, veo un centelleo ante los ojos. Eran lágrimas, vertidas medio siglo atrás por el viejo Antón de Eisenach. Todos los que más tarde se pusieron aquel gorro de dormir tuvieron visiones y sueños; su propia historia se transformó en la de Antón, se convirtió en toda una leyenda que dio origen a otras muchas. Otros las narrarán si quieren, nosotros ya hemos contado la primera y la cerramos con estas palabras: Nunca desees el gorro de dormir del solterón..."
¿Qué niña no soñará con ser la Sirenita y conocer el príncipe de sus sueños?
"... La Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie…. Sirenita, nunca podría casarse con un hombre... Y la Sirenita, levantando los brazos al cielo, lloró por primera vez. Oyéronse de nuevo en el buque los cantos de alegría: vio al Príncipe y a su linda esposa mirar con melancolía la espuma juguetona de las olas. La Sirenita, en estado invisible, abrazó a la esposa del Príncipe, envió una sonrisa al esposo, y en seguida subió con las demás hijas del viento envuelta en una nube color de rosa que se elevó hasta el cielo..."
Algunos argumentarán que las historias son tristes, con pocos finales felices, con cierta crueldad, con dolor, con amores no bendecidos, con lagrimas por doquier, pero todo ello acaso ¿no es parte de la vida? Entonces sigamos leyendo y oyendo a las hadas contar:
"... ¡Fíjate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras! Volemos hacia los países cálidos, donde el aire mata a los hombres, para llevar ahí un viento fresco..."


Y las sirenas seguirán cantando / por María Leone